![]() |
|
Spaces home SemillaPhotosProfileFriendsMore ![]() | ![]() |
SemillaTrying to shuffle with the hands tied.
|
||||||||||||||||||||||||
|
May, 2008 The worst things come from inside hereNoche del 29 al 30 de mayo Albert's always sincere, he's a sensitive type,
his intentions are clear, he wanna be well-liked. Estoy en uno de esos livings de finales de los 60s, de serie o peli yanqui o europea… mucho plástico, mucha cuerina. Sé que, de alguna manera, esta habitación también es mi corazón.
Y es horrible. Está absolutamente amoblada en rojo y sus rojas variaciones. La luz -la enferma sucia luz- que entra por el plástico de las ventanas redondas tiene la misma tonalidad. Una enorme mesa, circular y púrpura, de plástico de inyección domina el centro de este íntimo infierno. Sobre ella, en rojo, como se ven las fotos en los cuartos oscuros de revelado de las pelis, hay fotos abominables de gente que amo. La cáscara de la gente que amo en posiciones que tienen una cosa que está mal. Sonrisas que sólo son dientes, ojos sin brillo, pieles secas, articulaciones en lugares un poquitito corridos de lugar. Hay cientos de fotos. No quiero verlas. Estoy desnudo en el suelo, el culo frío sobre una alfombra fría. Lo más lejos posible de los muebles de cuerina: sofás escarlatas y sillones con forma de corazón y de boca. Aprieto fuerte las rodillas contra el pecho y me concentro en un inútil esfuerzo porque las vértebras me rompan la carne de la espalda y se vayan, para no estar acá, en mi corazón.
Se me acerca una araña, carmesí, gorda como un alfajor triple, el abdomen tirante y peludo. Camina lento y seguro sobre ocho patas rojas. Cierro los ojos y la aplasto con la mano derecha, abierta y temblorosa. No hay sonido. Levanto la mano del charco en que se convirtió y me la miro: palmípeda, los dedos unidos por una cosa viscosa y roja, como la yema de un huevo frito de sangre, caliente y espeso.
Hay un tirón. En la realidad.
Estoy desnudo en el suelo, el culo frío sobre una alfombra fría. Se me acerca una araña roja, peluda, grande, segura, real, con ocho ojos rojos como leds malditos. Cierro los ojos y la aplasto. No hay ruido. Levanto la mano derecha, empapada en algo viscoso y rojo, que se siente como yogur caliente.
Hay un tirón en la realidad.
Se me acerca una araña. Frío y espantado la miro y sé que no va a hacerme nada. Es roja y caliente. Me sube por las piernas con peluda delicadeza. La miro en los ocho ojos de diamante cuando se para en mi mano derecha. Sabiendo que hacer me la acerco a la oreja.
Me habla, pero no hay sonido. De todas maneras entiendo lo que dice. La miro. Me mira. Se va. Lenta, segura, fatal.
Sacudo la cabeza. Las fotos caen hacia arriba, se confunden unas con otras y me sonríen sonrisas sin alegría y me miran miradas sin amor. Dientes y ojos y pelos y orejas giran y bailan en el aire mientras pienso que no es verdad. Que todo esto no es el tiempo, que estos no son mis logros. Despierto.
The world begins to disappear.
The worst things come from inside here. And all the king's men reappear for an eggman, fallin' off the wall. Will never be together again. No, never be together again. What you fear in the night in the day comes to call anyway.
May, 2008 The (late) aftermathNoche del 12 al 13 de mayo. Now the radio stutters, snaps to life
some sour song that sets it right. And when London falls he'd like to call but the stars collide. They're beautiful and much maligned in a universe where you see the worst and it's up to you to fix it. Es el balcón.
No hay mucho sonido, salvo el natural sonido de estar vivo, que no atiende a nada en particular. Lo veo desde dentro del depto, lo conozco: las macetas bajas y pobladas, el piso de plana cerámica regular, los lejanos y desconocidos edificios ajenos al fondo. Salgo al cielo abierto con nerviosa expectación, con la mirada baja, con una alegría que no se anima a manifestarse por temor a quebrar esta frágil magia. Porque sé que hoy no es hoy, que esto no es lo que es, que estoy jugando a gambetear al tiempo. Veo La imagen siempre es la que se ve desde mis ojos. Como el Quake del recuerdo. una mano apoyada en la baranda del balcón. Es una mano que conozco. Fina, blanca, un anillo grande que no voy a olvidar duerme en uno de los amorosos dedos el pesado sueño de las cosas. Las uñas no están pintadas, y eso me hace sonreír. Hay mucha luz de sol, dorada, rebosante, esa luz que hace peluditos los bordes de lo que toca. Pero no es eso lo que no me permite ver el rostro. No hago ningún esfuerzo por levantar mi mirada. No lo necesito. It's easy to dismiss the "what's it all about" crowd.
There is no doubt: it's this, here, now. And you close your eyes. He's not coming back. Acerco mi mano a la baranda, la dejo descansar cerca de esa otra mano, mientras trato de recuperar el olor de ese momento que Ahora sé
es uno de los tantos pretéritos que pude tener y que perdí.
No encuentro el olor que quiero. No hay olores. Hubiera apostado mucho a que iba a recuperar el olor de la piel en este milagro nocturno. So you work it out, overfeed the cat and the plants are dry and they need to drink. So you do your best and you flood the sink,
La mano gira y queda con la palma hacia arriba, pequeña y cálida, como una rosa. Esa Rosa que todos perdemos alguna vez.sit down in the kitchen and cry. La cubro con mi mano. Con torpeza, con lentitud, con asombro, con vergüenza. Now you've worked it out Quiero reír hasta que los colores del mundo brillen aún más, quiero agradecer, quiero llorar.
and you see it all. And you've worked it out and you see it all. And you want to shout how you see it all?
La siento. Nada de eso sucede. Despierto.
Now the universe left you for a runner's lap. It feels like home when it comes crashing back. And it makes you laugh and it makes you cry. When London falls and you're still alive the radio stutters, it makes you laugh. And the aftermath open up your eyes you're so alive. May, 2008 Milton XVPasé en limpio otra parte del sueño que anoté en enero, hacía un montón que no revisaba esto. Sepan disculpar.
¿Hubo un Jardín o fue el Jardín un sueño? Lento en la vaga luz me he preguntado. casi como un consuelo, si el pasado de que este Adán, hoy mísero, era dueño,
no fue si no una mágica impostura de aquel Dios que soñé. Ya es impreciso
en la memoria el claro Paraíso,
-Estás en el medio-, me dice y es como si el sol se fuera a vivir a mi cráneo y prendiera la calefacción.
Tito, desde lejos, mira por sobre mí. Y, sin escuchar nada, sin que él hable, entiendo lo que dice: esta peli ya la vi. El mundo se corre un chiquitín al costado. No sé si alguna vez sintieron eso. Si lo hicieron no hace falta más descripción. Y si no lo hicieron acepten esa como la descripción más adecuada. Palabras como completo y redondo y cálido y felino te asaltan la mente. Y es lo único que pueden asaltar, ya que el cuerpo está demasiado ocupado haciendo riot control hormonal. La piel es del color del Serenito de dulce de leche y parece tener un bello muy fino por todo el cuerpo. Se yergue, el pelo de un negro intensísimo, alta y esbelta como un lustroso bastón de caoba con puño de obsidiana. Es obvio que es una mujer. Es más que eso: es básica. Seguro que juega para el equipo de los Arquetipos en el clásico de las descripciones. Pero además de mujer es una espada y es un tigre. Si estuviera menos fascinado y estuviera menos ocupado mirándole alternativamente las levantadas tetas y los ojos negros como la noche (y esto no es retórica, o casi, REALMENTE son como el cielo nocturno: irremediablemente negros, ubicuos, lejanos y ajenos) me daría cuenta, como hago ahora, que ya he visto (muy eventualmente) mujeres así. Ninguna como esta, claro, pero sí en la misma línea: mujeres bellísimas y terribles. Mujeres que son hermosas y peligrosas, a las que hay que disfrutar de lejos. Como el rompimiento de un glaciar, como una pantera cazando, como la explosión de una estrella. -¿Me escuchaste? Ronronea.
Tuerzo la cabeza como un perrito. En ningún momento deja de mirarme. Tiene los ojos como taladros. Abre la boca. No dice nada. Algo sucede con sus labios. No es una sonrisa.
Se siente. Yo lo siento. Cualquier ser que mee de parado y se sensibilice con un tiro libre bien pateado lo sentiría. Es un descarrilamiento emocional que viene impreso genéticamente desde el fatídico momento en el que a Adán se le atragantó una uva cuando Eva le comentó lo bien que le quedaba el pelo así. Se llama Encanto. Y, en estas dimensiones, es invencible.
Articulo un torpe, un insuficiente, un arrastrado “sí” y me muevo de forma abisagrada, impersonal, sintiéndome muy lejos de allí.
Está vestida de la manera en la que siempre pensé a Helena, o a Hera: esa túnica que parece de leche viva, repartida sobre su improbable cuerpo de la manera más femeninamente adecuada, un brazalete y un broche de oro y algún otro adorno perdido entre pliegues de tela y tibieza de carnes, unas sandalias de cuero chatas, crudas, anudadas con tiras. Pasa por mi lado fatalmente vertical, en un frufrú de elevadas piernas y seda aérea y olor a flores de naranjo y a oscuridad húmeda y peligrosa. Mantengo los ojos en una nada alejada. Me avergüenza querer mirarla al pasar, me avergüenza no hacerlo.
Hay algo en ella que me disgusta y me incomoda. La sensación de no poder dejar de estar fascinado con su belleza agiganta esa sensación. Para llevar ese momento de una mejor manera busco a mis conocidos en el grupo que rodea al maestro de ceremonias. Todos están borrados, como en la tapa de Around the Sun o como si me hubiera apretado los ojos mucho y muy fuerte, salvo un rostro (una parte de un rostro): unos ojos pequeños, severos, negros, bovinos, semicerrados y terribles que me miran por completo. Los veo como dos alfileres negras clavadas en un sinfín de arrugas en una cara casi de cuero amarronado. Quiero decirle que no me gusta todo esto, que hay que hacer algo. Hay una comprensión en esa mirada que no tiene nada que ver con lo racional y luego esos ojos se cierran lenta y seguramente y el tiempo empieza a fluir normalmente otra vez. Hay música. No la distingo. The best looking boys are taken. The best looking girls are staying inside. So Judy, where does that leave you? Mi ropa es otra. Me siento mejor al respecto. Cuanto más me alejo de la remera de cuello redondo peor me siento. El grupo rodea espaciadamente a la recién aparecida, viéndolo desde afuera y arriba (desde el pelado cielo) se ve la formación como una omega.
El anómalo Sean Connery se acerca con la más desagradable de las sonrisas y, sin tocarla en lo absoluto, manosea a Helena (no sé cómo llamarla, o lo sé pero su símbolo es demasiado evidente) de una forma que me asquea. Sigo sin entender sus palabras, pero sé que son horribles, chapoteadas y groseras, crapulosas e infectas. No puedo hacer nada, nadie puede (nadie debe) hacer nada. Ella mantiene la mirada limpia y alta y comienza zumbar muy bajo. El maestro de ceremonias sigue gesticulando y con cada movimiento expone y embarra el sexo de Helena, lo contagia y lo pervierte. Busco los ojos de toro que me calmaron antes. Los encuentro fríos y brillantes, con una serena furia entre varios rostros desconocidos. Me dan la tranquilidad que necesito, la contención de mi inquietud. Helena sigue zumbando, tiene un tono profundo y perturbador. Sonríe, pero no hay alegría en su cara. Es belleza pura, pero es una belleza que no provoca calor. Me arde el pecho. Tiene un perfil delicioso. Ahora comienzo a atenderlo. Es un caballo, o el ideal de un caballo. Ahora noto un duro olor a pasto recién cortado y a sudor caliente y animal. Veo los ojos desorbitados y fuertes y los ollares despidiendo aire caliente y mocos blancos. Lo veo aterrado, con esa máscara de locura que siempre noté en la mirada de los caballos, por apaciguados que estén. Helena zumba más profundo, más bajo, más mujer. El caballo parece remitir, respira más tranquilo, sus manos y pies permanecen los cuatro en el suelo blando y plano. Helena lo rodea lentamente, lo canta, es negro como su cabello. Ambos, ahora, se miran a los ojos. No puedo dejar de verlos alternadamente, el poderoso cuello de uno, los delicados hombros de la otra, el pecho ancho y musculoso, el vientre plano y fino, las excelentes piernas firmes. Ambos hermosos, oscuros, perfectos, ambos inmortales. El caballo nos mira A nosotros, los espectadores, pero también a MÍ, el soñante.
como si nunca hubiéramos estado allí. Relincha bajo y suave, contenido sólo por el zumbido de Helena. Ella levanta los brazos. Tiene los pezones erectos, duros bajo el roce de la túnica. Zumba y mueve las manos. Un desordenado tumulto de piel negra y pelo negro y ¿plumas? negras raya y abulta los flancos del caballo.
En nada, bajo el inexistente y luminoso sol de esta cima, dos excesivas alas de plumas negras se alzan sobrenaturales y lógicas entre todos nosotros. Busco a Tito. Sonríe, pero algo triste hay en su mirada. Milton descansa en el hueco de sus manos unidas, con una mirada muy similar. Con inquietud, con indignación, recorro las caras. No hay muchas diferencias. A medio camino entre el círculo de espectadores y el extraordinario par está el maestro de ceremonias sonriendo una sonrisa arrogante que parece hecha de moscas y gusanos. Helena está abrazada al hirviente cuello del Pegaso besándolo en los oscuros belfos con una ternura que me incomoda. Lo mira directamente en los ojos y el caballo repliega las desacostumbradas alas. Ella me dirige una estéril mirada y luego se centra en la cara de toro y león del gigante de cuero marrón que está parado como una montaña entre la multitud. Él asiente casi sin mover la cabeza y ella monta sin ningún esfuerzo el gigantesco caballo, desnudas las nalgas sobre el sudor caliente del lomo. Las alas producen un viento sobrenatural, fuertísimo. Sin embargo nadie (yo tampoco) se incomoda por ello. Helena no baja la mirada en ningún momento. Su cabello que no es ni largo ni corto le ondea en muchos tonos de negro acariciándole la espalda. Recién noto que ahora está desnuda. El maestro de ceremonias se acomoda la galera y con una voz fuerte y burlona comienza a caminar de izquierda a derecha, hablando más palabras que no entiendo pero desprecio. Sonríe, sonríe mucho y enfermo. Se elevan uno, dos, tres aplausos. Hay un cuarto aplauso en no pocos lados del (ahora) círculo de espectadores. Luego se escucha un quinto y último y combativo aplauso en cinco, siete, diez puntos más. No quiero ver si Milton aplaude, no quiero ver cuántas veces. Aplaudo cinco veces, más como protesta quien no entiende que como opinión, con los ojos cerrados y calientes. Cuando los abro ya no hay Pegaso. Cuando los abro el diablo de la galera y los volados está mirando fijamente a una mole de más de dos metros de alto. El megalito de carne y músculos se desprende de la multitud como el bostezo de un gigante y avanza hacia el centro del círculo. -¡A la mierda!- me dice Milton, que vuelve a ocupar mi hombro. pero yo sé que existe y que perdura, aunque no para mí. La terca tierra
es mi castigo y la incestuosa guerra
de Caínes y Abeles y su cría.
Y, sin embargo, es mucho haber amado, haber sido feliz, haber tocado
el viviente Jardín, siquiera un día.
April, 2008 It's a magical world, Hobbes, ol' buddyKnow what's weird? Day by day, nothing seems to
change. But pretty soon, everything's different. -Bill Watterson No puedo escribir.
Hace más de un mes que lo único que puedo llevar al papel o al Word es una mierda desordenada e infecta.
Es horrible.
Y voy acumulando porciones de cosas escritas que desprecio por motivos diversos y verdaderos. Cosas que trato de cambiar permutando las palabras y los símbolos, sabiendo que no es eso lo que está mal.
Hace dos días me encontré por segunda vez con este strip:
Yo repasé varias (VARIAS) veces todas las tiras de Calvin y Hobbes, adoro a estos chicos, estoy enamorado de ellos (y de los deliciosos papás de Calvin, y de Susie Derkins, que es la novia de seis años que todo el mundo querría tener)
desde el momento en el que los descubrí allá por el ’87.
Lo limpio y bonito del dibujo, la franqueza bestial en el humor de Calvin y la reflexiva (y felina) visión de Hobbes me ataron desde un primer momento.
Siempre amé el ambiente de familia estándar, tal vez por nunca haber disfrutado de el y los viejos de Calvin me resultaban entrañables; lo mismo me ocurría con los paisajes nevados en los que Calvin y Hobbes hacían muñecos de nieve y tenían batallas de bolas de nieve y se hacían bolsa en trineo cada vez que el invierno caía sobre la tira. Volviendo al principio: a esa tira la ví sólo una vez porque es la última de las tiras de Watterson y cuando lo hice me sentí muy raro por dentro.
En ese momento no me importaba la integridad de Watterson, que se negó siempre a hacer merchandising (no conozco muchos con tantos huevos) de su producto (que podría haber vendido millones) y que cortó la serie a los diez años cuando pudo haberla exprimido durante diez más. En ese momento sólo sentí tristeza. Me quedaba sin dos amigos y lo demás no importaba. Ahora cada vez que la leo no puedo hacer otra cosa que sonreir.
Es perfecta.
Es absoluta y delicadamente perfecta.
En este momento en el que la recupero me cayó de la manera en la que la vida nos tira esas casualidades que nos sorprenden. Que nos hablan en el oído. Propone empezar de cero al terminar un camino de diez años (la tira se imprimió entre el ’85 y el ’95) y eso es el algo que no todo corazón puede hacer con limpieza. No el mío ahora por completo y estoy tratando. Es importante. Es bueno ver que alguien (un extraño) puede resolver el laberinto que uno tiene en el pecho con una sencillez tan elegante. Y otra coincidencia, esta mientras escribía esto. El MySpace de R.E.M. colgó el video del nuevo corte (el segundo) de Accelerate: Ya voy a escribir (si recupero el entusiasmo) mucho sobre Accelerate, que es un disco al que considero único y superior. Pero agrego yo este video acá porque, casualidad, es el tema con el que más me colgué del CD en estas dos últimas semanas. Préstenle atención, disf | |||||||||||||||||||||||