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2009年2月 Restart II (recycle and restart)No puedo aún narrar lo que busco. Es un inicio. Noche del 21 al 22 de junio de 2008 En la mitad de la vereda amplia y desprovista de cordón de Anchorena al 800, del lado de los impares, Ituzaingó, Morón, hace mucho, mucho tiempo, había un árbol de moras. No voy a decir que conociera cada rama y cada nudo de ese árbol. Ahora es un barco. Cease to resist, giving my goodbye, Avanza lento y somnoliento por un desconocido mar infinito, serrado, turquesa. (¡¿?!) con ambas manos en mi rodilla derecha, descalzo y con unos pantalones blancos muy anchos y una fina camisa descolorida que debió haber sido amarilla algún día. No hay sonido en el sueño. En ningún momento. y levanto los brazos en V y agito las manos. Estoy contento. Feliz You'll think I'm dead, but I sail away On a wave of mutilation y salado. Mi piel parece una Vauquita: marrón, seca, y agrietada. Tengo las pestañas más largas que lo normal Lo diurno. (lo que de entrada no es poco) y el pelo alborotado y pajoso. Como todos saben los moogles son una especie que se dedica a perpetuarse en los Final Fantasy desde el tercero hasta hoy. Son una especie de gatos con un pompón en la cabeza, tienen la voz muy finita y gustan de repetir la expresión “¡kupo!” hasta acabar con la paciencia del cristiano más amable. Bichitos mágicos y voluntariosos, vale más mostrarlos en una imagen que describirlos en un par de docenas de palabras: Edward Norton es un muchacho de dominio público. Uno de los mejores actores de su generación y un flaco con cara de amigo de toda la vida. Alzo los brazos otra vez y les pido a ambos que se acerquen, gesticulando y sonriendo. A wave El mar se agita, trémulo. El árbol de moras se agita, todas sus hojas mirando al cielo, cientos de manos verdes tratando de llegar lo más arriba posible. Huele a sal, pero huele también a vino y a mí y a la entrada de una quinta en Luján bien entrada la noche. Se desase del mar con la lentitud de un bostezo y sus muchos ojos castaños miran íntegramente. Es un pájaro (y también es un pez, y también es una mujer, y también es mi insomnio y también es una canción de Pearl Jam y también es una esquina en Belgrano) gigante, majestuoso. Cada una de sus alas podría cubrir todo el árbol (desde la más flaca de las inversas raíces hasta la más flaca de las ramas superiores) de agua y de un olor (de un olor que aún existe) y de peces y de ojos y de algas y de carne. Hay algo de cachorro y hay algo de temor en él (en ella) por más majestuoso, por más imposible que sea, que me produce ternura. Conozco a ese pájaro, I've kissed mermaids, rode the El Niño hace años que vengo buscándolo. Con diferentes tripulaciones e incluso solo, con idéntico fracaso e idéntica contrición. Walked the sand with the crustaceans Abro los ojos, abro los brazos y me dejo golpear por el agua que cae de su aleteo, de su girar en el desocupado cielo, me dejo golpear por los peces y las algas. Could find my way to Mariana On a wave of mutilation, Wave of mutilation El moogle y Edward Norton me gritan sin sonido su satisfacción. El árbol de moras está en el aire, estable y fuerte, lo siento bajo los pies y lo siento bien. Despierto. Wave of mutilation
2009年2月 RestartComes the morning Hace mucho que no escribo. La razón es una, estoy trabajándola. Incluso este tímido intento de volver iba a ser mi desordenado y torpe exorcismo de esa razón. Aún no acierto con la manera de llevar eso a cabo. Tengo varias (varias) cosas irresolutas que encontré en un backup de la máquina anterior. Ésta que sigue es una. A Milton la veo irregular e insuficientemente. Esto que sigue es de hace dos inviernos. No lo continué porque no tuve el valor y porque perdí dentro de mi mente y de mi carne el resto de la conversación. Está menguando el día. Aún no son las seis de la tarde y la luz ya es afantasmada y pobre. Es viernes y llueve sin llover en la terraza. Todo es un chiquitín más gris, como si Dios hubiera cambiado al sol por un tubo fluorescente gigante. Eso es lo que me pesa de los días como este: parece que el universo se hubiera transformado en una oficina. Esta atmósfera descansada y mustia que adoran los yanquis y que acá va ganando cada día más muertos vivos: la Gente-del-After-Hour. Un puñado de baldosas bordó, un trío de alambres para colgar la ropa, dos vasos llenos con cerveza, daditos de parmesano y un abismo emocional oscuro y denso me separan de Milton, que está comparando una de sus púas del cuello con los pinches para picada en forma de katana que compré el lunes. Milton no está viviendo en casa. Nunca le pregunté, allá en el alba del 2005, de donde venía. No le pregunto ahora donde es que ella es. Está más grande, camina más segura, tiene los ojos de petróleo llenos de un brillo que me inquieta de la forma en la que lo hace algo que además me gusta. Me ofrece un Winston encendido. Lo agarro. Dejé de fumar en todo momento salvo en los que estoy fumando. Pito. Me abrazo las rodillas. Pego la barbilla contra el esternón. Me hamaco alternativamente de la nalga derecha a la izquierda y repito el procedimiento. Muchas veces. Estoy sentado en la gruesa medianera de ladrillo cansado y marrón que separa mi casa de la fábrica de pinturas. Milton tira el cigarrillo en elevado arco hacia el techo de la fábrica y enciende otro. -Para que me entiendas es necesario que me sepas. Para que me entiendas es necesaria una experiencia compartida. -¿? -Eso dijiste. Eso dijiste y mi mundo se quebró. -Pero eso… -Te vi de una forma en la que no te veía. De la que nunca te había visto. -OK, pero es obvio. Y no es mío. -Oh, lo sé. Nada es de nadie. Pero utilizar algo en lo intelectual es poseerlo. Yo estuve tanto tiempo acá porque me satisfacía que te avergonzaras de tus límites intelectuales y empujaras con fuerza. Porque hacías lo mismo con los míos. -Y porque jugaba distinto al Winning Eleven. -No estaba esperando eso en esa conversación, que es la conversación de siempre. La que siempre tuvimos. Me dijiste eso y te vi de otra manera. Te amé. No te dije nada. Serví más vino y volviste a insistir en esas conversaciones que tanto te satisfacen y que urdís para el asombro momentáneo y el olvido eterno. No creo que recuerdes el momento. -No. Sobre el costado más triste de la tarde, en la zona más agotada del vencido San Martín, el sol se ahoga sin ayuda en un horizonte decorado con cables de luz, ropa al viento y tanques de agua. Tengo una sensación de tristeza extrema, fría y abandonada. De tierra removida y seca y estéril. -Eso me quedó. Agita la encigarrillada manita por sobre la cabeza. No me está mirando. Debe sentirse igual que yo. -Eso me quedó. Podía sentir las palabras al rojo quemándome entre las orejas. Me provocaste y no supe responder. Eso no me pasa. Me costaba dejar de saborear el íntimo milagro de que alguien te produzca algo tan brusco. Kisa sube, mira, maúlla sencillo y desaparece tras las macetas. Milton le sonríe. Yo junto algunas piedritas de cemento seco y suelto de la medianera y trato de embocarlas en la pileta de la casa de al lado. -Decidí, entonces, que quería entender tus palabras. Me aprieto más fuerte contra las rodillas. Tengo frío. -Decidí imponerme la experiencia. Para que te dejaras de joder. Para que dejaras de llorar en seco. Levanta la vista hasta la cerveza. Tiene el hocico arrugado. Le lleno el vaso y le saco otro cigarrillo. -Decidí imponerme tus arrebatadas miserias, tus muchas perplejidades, tu arrastrado penar, tus luminosas alegrías, tus noches sentado y tus días buscando. Decidí involucrarme en la imagen que vos querés proyectar. O creés proyectar. O lo que mierda se te cruce por el marote. Para entenderte bien. Para saberte. Para ayudarte. Vos me hiciste una vez mucho bien sin proponértelo, tal vez por eso mismo. Además, de eso se trata lo mío: de entenderlos a ustedes. Kisa mira con mucha atención hacia la nada. Fija la mirada en el vacío y parece sonreír. Lo hace seguido. Le llamamos “ver gente muerta” a eso. En este momento no parece tan gracioso. -Entonces me fui. Me fui mucho y lejos. Y pené. Y me impuse dejarme empapar por esas cosas que te atan hace años. Fallé, loco. Fallé mucho y fuerte. Callé. Fracasé tan minuciosamente como a vos te gusta decir que lo hiciste. -Te fuiste en febrero del año pasado. -Ahá. Hacerlo a propósito lleva mucho menos tiempo, creeme. Traté de entender cómo funciona la forma en la que vos medís el tiempo y el amor. Tus negras envidias por situaciones que no manejaste, tu universal egoísmo al acaparar todo el fracaso y tu imposible orgullo al hacerlo. Tu gigantesca necedad, tu minuciosa monopolización del dolor. Tu estupidez plana y llana. Tu miedo, macho. Armaste una historia enorme para tapar el miedo. I been wounded Sure as I'm leaving Sure as I'm sad I'll keep this wisdom In my flesh |
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