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    September, 2008

    Wing is written on your feet

     
    I think we dream so we don't have to be apart so long. If we're in each others dreams, we can be together all the time.
    Hobbes (de Calvin & Hobbes)
     
    Salió. Simplemente eso.
     
    Ella juega con medallas
    velas y libros sin tapa.
    Él, pendiente de las luces,
    sin Dios cambia por el cielo.
    Tiempo, tiempo sin una palabra.
    Viaje, soledad y depresión.
    Y al fin, suerte su destino,
    ella sola y otra ropa.
    Y en el silencio del cuarto
    otro color en la silla.
    Los Visitantes – Playas Oscuras
     
    Fran me dice que ya está.
    Está triste y enojado, de manera gigantesca.
    Yo no digo nada, junto las manos
     
    Estoy sentada en la cama.
     
    y lo veo cerrar la puerta.
    Sé que quiere que diga algo, para que no terminemos así, pero nada me sale. Yo sé algo pero no acierto a
    articularlo.
    Veo que en la puerta, en la hoja ahora se está descubriendo, hay algo escrito en pintura roja.
     
    No alcanzo a leerlo.
     
    Todo vuelve al momento en el que él se levanta de la cama y yo me pierdo viendo mis carpetas y mis marcadores de colores en la silla, para no mirarlo ni contestarle.
    Él me dice que ya está.
    Y así, a veces dos, a veces cinco, varias veces.
     
    Despierto.
    Odio ese sueño.
     
    He creates a new language, a new grammar, eight cases and five genders. This passes twenty minutes. Then it's
    boredom again...
    The Enigma kills time – Enigma #1: The Lizard, The Head, The Enigma
     
    Abro la boca y sale música: Strawberry Fields se expande por el despojado ámbito que ocupo: piso de tierra seca, unas sillas de aspecto antiquísimo y algunas columnas muy viejas y rotas llenas de musgo.
    Estoy desnudo y alzo las manos. Parece que toco un arpa gigante, moviendo las manos y los dedos como arañas.
    Aparecen flores sobre las columnas, empiezan a llenar el piso y trepan por las patas de las sillas.
     
    ¿Qué flores son?
    No entiendo nada de flores. Son chiquitas.
    O.K.
    Y violetas.
    O.K.
    Son lindas.
     
    Muevo las manos. Parecen víboras. Empiezo a armar a la mujer que quiero y no conozco. Está sentada en una silla y me sonríe, pero tiene los ojos blancos y su cara no me provoca otra cosa que angustia.
    Me doy vuelta, no la miro.
    Me hago ropa. Y zapatos. Zapatos del mismo color que las flores. Me peino sin las manos y me armo el pecho y me
    saco la panza.
    Me doy vuelta.
    Las flores están ahí, hay abejas y hay música. Ella no cambió. Me mira con esos putos ojos ciegos y esa sonrisa de
    perro muerto.
    Pateo la silla, ella cae y se desarma como si estuviera hecha de yeso. Polvo blanco que raya la tierra.
    Me siento.
    Hago unos perritos con las manos y empiezan a correr por entre las flores.

    Despierto.
     
    No God is sane. How could it be? To be a Man is so much less taxing, and most men are mad. Consider the God. How
    much more deranged the Gods must be, merely to exist. There can be no doubt: consider the Universe and the patterns
    without reason upon which it is run. God is mad. The God of Music is mad. The Timegod is punctual, but he is mad.
    And the Machine God is mad.
    Harlan Ellison - Ernest and the Machine God
     
    Soy un Gameboy Advance.

    ¿Normal?
    SP.
    Roger.
    Celestito.
    Me gusta el perla.
    Siempre tenés gustos de maraca.
    El mundo cambió y vos no te diste cuenta. Esas cosas dejaron de ser de maracas hace años. Hoy en día lo único “de
    maraca” que queda es que te guste un flaco. O varios. O todos. Lo único “de maraca” que sigue en pie es serlo. Es la última y única frontera.  Y es lo mejor.
    Amén.

    No tengo cartucho, y me preocupo, pero me enciendo y arranco el Turrican.
     
    ¿Tiene versión de Advance?
    Ni idea, yo arrancaba el de la 64.
    Waw.
    Yup. Uno de los mejores juegos que jugué.
     
    Lo juego yo solo, no persona, siendo el GBA, muevo a Turrican sin tocar botones ni nada, a voluntad. El volumen es atronador. Luego empiezo a hacer andar montones de juegos, a velocidades de vértigo.
     
    No sé cómo explicarlo.
    No hace falta, sólo decí.
     
    Bueno, los veo a todos, al mismo tiempo… Metal Slug, Link to the Past, King’s Quest, Oblivion, Ultima VI, Sims (el 1 y el 2), Pokémon Blue, el Red, el Sapphire, Might and Magic IV (no el Heroes, el M&M), Final Fantasy VIII, Turok, Day of the Tentacle, Diablo II, Tomb Raider II, Guitar Hero, FIFA 98… miles.
     
    No podría recordarlos a todos. Deben ser todos los juegos que jugué. Es un enorme número de juegos… multiplicalos por horas, ¿lo pensaste alguna vez?
    Si, pero no me inquieta.
    No te lo decía por eso, tampoco me inquieta a mí, me encanta.

    Los juego, los siento dentro de mi cuerpo de Advance, la música suena a mil

    Recuerdo muy bien el tema de Blur del FIFA.
     
    y me lleno de luces y de euforia. Soy Max Payne y el Purple Tentacle y soy Tony Hawk y Axel Steel y todos y todo al mismo tiempo. Todo adentro, todo a mil. Rompo barriles y salto paredes y me tiro en el suelo y muevo la cuchilla del Green Beret y junto viales y abro pasajes secretos y tiro triples y acomodo muebles y planto campos y envuelvo brujitas en burbujas verdes y mato a los chanchos del Duke Nukem. Me siento loco. Me vuelvo loco. Eufórico y loco.
    Las imágenes no paran, los números aumentan, las armas ganan ammo y tengo todos los caramelos del Bubble Bobble.
     
    Por suerte desperté.
     
    I'm right here. This is who I really am. I'm not pretending.
    Orson Scott Card - Ender's Shadow
     
    Dos veces soñé lo siguiente:

    Me siento delante de la desaparecida máquina de coser de mi abuela. Una Singer de principios de siglo. Esos colosos
    de metal y madera que aún se mantienen en sus estoicos universos de cosas hechas para siempre y olvidadas por la miseria apurada de los que vinimos detrás. Estoy con la camisa que te gustaba: la verde y blanca a cuadros, sin mangas, con los botoncitos en el cuello y los bolsillos cubretetitas; otro objeto que hoy sólo vive en la mente de aquellos que lo recuerdan

    Nosotros dos, nadie más.
     
    por motivos que exceden a su condición de simples cosas.

    No tienen nada de simple las cosas, creeme.
     
    Estoy ahí, saco un Phillip Morris vacilante y arrugado de un paquete semivacío del bolsillo del jean y lo enciendo.
    Tengo el pelo corto, muy corto. Como me lo había cortado cuando Pancho se fue a España y nos emborrachábamos para putearlo sin culpa porque ya no estaba con nosotros. Tengo los anteojos que uso para la compu. Me los acomodo, pito y espero.
     
     
    Y llega.
     
     
    Toda tu tristeza. Toda la que yo pensaba que no me contabas. Toda mi idea de tu tristeza, la que creía que nos impedía tantas cosas.
    Mi infantil y errada, mi romántica e inocente concepción de ese tiempo.
    Toda tu tristeza, anegando mi mente.
    Como montones de gusanos ciegos hechos de trapos negros, de suciedad y de asco, del gusto de la resaca mala y del olor de la campera del viejo que cuidaba el estacionamiento de Avenida La Plata.
    Toda, entrándome por los ojos cerrados y por la boca cerrada, por debajo de las uñas y por la concha, trepándome la
    columna y mojándome la nuca como fideos gordos y podridos.
    Toda. La aguanto toda. La siento crecer y entrar con ignorancia de mí, descubriéndome la garganta y las tetas, las rodillas, el vientre, la frente, los pelos. Empujando y rompiendo.
    Pienso en mí para que ese tiempo pase. Pensar en mí en ese sueño es pensar en vos y en Pancho, en una tarde comiendo mandarinas en las ollas de Munro y en un par de noches con olor a ruda, a mentira y a esperanza. No es tan malo, me digo. Es como una nebulización del infierno. Incluso siento un enfermo
     
    Un equívoco.
     
    placer al llenarme con eso.
    Luego se va, de golpe, como un gato enojado, como un cachetazo a un nene, como una puteada de la que te arrepentís
    apenas la soltás.
    Apago el pucho contra el suelo, me arreglo el corpiño y la camisa. Abro los ojos y los busco.
    Naturalmente, no están.

    Despierto.

    - El cielo es gigante.
    - Gigante y ajeno.
    - Es gigante.
    - Cielos extraños producen sueños extraños.
    - Fidel no sueña.
    - Si que soñás, pero seguro que tus sueños no son más atractivos o sorprendentes que tus vigilias. Uno de los
    privilegios de tu edad.
    (Fidel ya se había ido)
    Fidel y yo, Corcovado, noche del 20 de noviembre.
     
    Una de las tantas maravillas de los niños es que aunque no nos presten atención alguna siguen fascinándonos y volvemos a ellos.
    Nada similar pasa con los adultos.
     
    Son dos nenitas. Veo sus espaldas recortándose al final de una loma. Detrás no hay nada más que cielo nocturno y diáfano.
    Me acerco lentamente, comienzo a ver detalles: sus melenitas negras, sus vestiditos color durazno. Están sentadas
    sobre el pasto corto y verde, mirando hacia el cielo.
    La luna es enorme y está deslumbrante, redonda y llena de cráteres rosados domina el centro del cielo y llena todo
    de luz y de tranquilidad. El cielo está sarpullido con sus ojos de estrellas y en el aire hay olor a luna y a rocío y a limonero y a meter la cara en la nieve.
    Sin motivo, pienso en rojo.

    She dreams in color, she dreams in red.
     
    Estoy más cerca. Son mellizas idénticas. Están hablándole a la luna, con vocecitas que suenan a lluvia y a sueño.
    Le cuentan cosas. Cosas de chicas chicas. Callan, se ríen. Una se recuesta en el pasto y se toca la panza mientras ríe una risa linda como el cielo nocturno gobernado por esta luna llena. Vuelven a hablar y a reír con sus voces de lluvia y de sueño y de árboles jóvenes. Sus voces son iguales entre sí y no lo son. Le cuentan a la luna como son sus medias preferidas y de qué color es la gelatina de uva, donde se sienta papá a leer y la cara que pone el perro cuando siente la cadena del paseo.
    Pienso en rojo.
     
    She dreams in color, she dreams in red.
     
    Me acerco más, me siento bien, pienso en Sabri y en un vestidito azul que ella usaba a esa edad, calculo unos tres o cuatro, cuando era pelirroja y tenía bucles.
    Alcanzo a verles los cuellos largos y suaves, llevando sus cabezas lo más cerca posible al cielo.
    Los vestiditos se estremecen, naranja sobre verde, con una racha de aire fresco con cara de madera clara.
    Se consultan gustos sobre muñecos, discuten sobre un oso de trapo y se reconcilian rehaciendo una tarde al costado
    de una pileta.
    Mueven las manos con gracia y precisión en la expresión. Ya estoy a su altura, al borde de esta loma inundada de
    cielo.
    Me pincha la panza, pienso en rojo.

    Hablan de primos y perros. Una hiere la charla con un nombre. Un nombre que conozco. La otra calla. Un silencio muy
    fuerte. Hace un movimiento corto, suave, vergonzoso, con el hombro izquierdo. Un movimiento que conozco.
    Siento un vacío frío en la panza. Me siento, sin darme cuenta, las piernas frías me sostienen poco y me las abrazo.

    Me mira.
    Tiene los ojos grandes y brillantes, sobresalientes. Todas las gamas del marrón e incluso del dorado se
    mezclan, se alteran y se sublevan en ellos. Me hacen pensar en dos tortugas ideales, con caparazones tallados por Dios. Brillan desde adentro, desde el fondo del tiempo, desde lugares que apenas existieron.
    La primera nena sopla hacia el cielo y las estrellas vibran tímidas.
    La segunda me hace un mínimo signo con la cabeza, teniendo la delicadeza
     
    La misericordia.
     
    de cerrar los ojitos. Un mínimo no, grande como el universo.
    Lo sé. Ya lo sabía. Pienso en rojo. Tengo mucho frío, mucho, mucho, mucho frío, pero sonrío.
     
    Despierto.
     
    They dug me my very own garden.
    Gave me sunshine, made me happy.
    Nice dream, nice dream.
    Nice Dream.